jueves, 30 de octubre de 2014

Un evangelio a recibir

Washer, P. (2012).  El Poder del Evangelio y Mensaje.  Recuperando el Evangelio (3-8), Grand Rapids, MI : Reformation Heritage Books. Traducido por Erika Escobar
CAPITULO DOS, UN EVANGELIO A RECIBIR
(Además, hermanos, el evangelio que les he predicado) el cual también recibieron, en el cual también perseveran – 1 Corintios 15:1
Debido a que el evangelio es el mensaje de Dios al hombre, podríamos suponer que debería provocar alguna clase de reacción y demandar algún tipo de respuesta.   De nuestra cita, aprendemos que luego de escuchar el evangelio, la iglesia de Corintos lo recibió de una manera acorde a su gran valor e hizo de éste la fundación sobre la cual permanecían ante Dios.   Si vamos a estar bien con Dios, debemos hacer lo mismo.

RECIBIENDO EL EVANGELIO
Para que los hombres obtengan salvación, deben, por la gracia de Dios, recibir el evangelio. ¿Y qué significa eso?   No hay nada extraordinario en la palabra “recibido” en inglés o en el griego bíblico, sin embargo, en el contexto del evangelio, se vuelve bastante extraordinaria – una de las palabras más radicales de las Escrituras.
Primero, cuando dos cosas son contrarias o diametralmente opuestas una a la otra, recibir una es rechazar la otra.   Debido a que no existe afinidad o amistad entre el evangelio y el mundo, recibir el evangelio es rechazar el mundo.   Esto demuestra cuán radical puede ser el acto de recibir el evangelio.   El llamado a recibir y seguir el evangelio es rechazar todo lo que puede ser visto con ojo o sostenido en la mano a cambio de lo que no se puede ver [1] Es rechazar la autonomía personal y el derecho al auto gobierno con el fin de esclavizarse al Mesías que murió dos mil años atrás como un enemigo del estado y un blasfemo.   Es rechazar a la mayoría y sus visiones en orden de unirse a una minoría reprobada y aparentemente insignificante llamada iglesia.   Es arriesgar todo en esta única y sola vida en la creencia de que este empalado profeta es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. Recibir el evangelio no es sólo orar pidiendo a Jesús venir a nuestro corazón sino que es poner al mundo a un lado y recibir con los brazos abiertos la plenitud de las declaraciones de Cristo.
En segundo lugar, un hombre que recibe el evangelio confía exclusivamente en la persona y la obra de Jesús Cristo, como la única forma de presentarse correctamente ante Dios.   Es un dicho común expresar que es peligroso confiar exclusivamente en algo, o dicho mejor, un acto muy poco sabio o imprudente.   Nuestra sociedad considera que un hombre es descuidado si no tiene un plan de contingencia o una ruta alternativa de escape, o si no ha diversificado sus inversiones, si ha puesto todos sus huevos en la misma canasta, o si ha quemado puentes tras él.   Esto es lo mismo que un hombre que recibe a Jesús Cristo debe hacer.   La fe cristiana es exclusiva.   Recibir verdaderamente a Cristo es desterrar cualquier otra esperanza en otro que no sea solamente Cristo.   Es por esta razón que el apóstol Pablo declaró que el cristiano es entre todos los hombres el más digno de conmiseración si Cristo es un chiste[2]. Si Él no es el Salvador, entonces el cristiano está perdido porque no tiene otro plan o confianza. Por fe, ha declarado, “Mi Señor, en Ti confío. Si no eres capaz o no estás deseoso de salvarme, entonces encontraré mi lugar en el infierno.   ¡No haré para mí ningún otro plan!”
Una recepción genuina del evangelio no sólo involucra un desdén y un alejarse del pecado sino un desprecio y alejamiento de cualquier otra confianza que no sea Cristo, especialmente la confianza en nosotros mismos. Es por esta razón que una persona que es verdaderamente convertida se volverá casi nauseabunda ante la más mínima sugerencia que indique que su propia virtud o mérito le otorga el derecho de permanecer ante Dios. No obstante que su nueva vida en Cristo produce buenas obras, abandona todas las esperanzas en las buenas obras como un medio de salvación, y confía exclusivamente en la persona y obra perfecta de Cristo.
En tercer lugar, recibir el evangelio es abrir o exponer la propia vida al liderazgo de Jesús Cristo.   El evangelismo moderno de hoy a menudo enseña a los hombres que ellos deben hacer de Cristo el Señor de sus vidas.   Sería mejor decirles que Jesús es el Señor de sus vidas, ya sea que ellos se arrodillen ante El en amor o que contraigan sus puños con odio. Las Escrituras declaran que Dios ha hecho a este Jesús, que fue crucificado, como Señor y Cristo.[3] Él ha instaurado Su Reino sobre Su montaña sagrada y se burla de aquellos que se revelen contra El.[4]   Dios no llama a los hombres para hacer a Jesús Señor (como si ellos tuvieran tal poder) sino para vivir en absoluta sumisión al Señor que Él ha hecho. Por lo tanto, el hombre que desea recibir los beneficios del evangelio debe primero decidir si está deseoso de entregar toda su autonomía y gobierno propio al Señor del evangelio.
Como predicadores del evangelio, debemos ser muy cuidadosos en explicar claramente los términos de esta transacción y no minimizarlos o quitarles importancia de forma que sean virtualmente indiscernibles.   Debemos reconocer que no hemos sido honestos hasta que hayamos explicado a los que buscan, que recibir a Cristo es la cosa más juiciosa y tal vez más peligrosa que alguna vez hagamos. Después de todo, como “Aslan en el libro de C. S. Lewin, El león, la bruja y el ropero”, Él no es un león domesticado y ciertamente no es seguro. Tiene el derecho a pedir cualquier cosa a aquellos que confiesan Su señorío. El mismo Jesús, quien atrae a los cansados hacia Él, puede también pedir cualquiera cosa de ellos, aún enviarlos a perder sus vidas por Su causa en este mundo oscuro y caído[5]. Aquellos que no entienden el peligro del llamado del evangelio es que lo han oído sólo ligeramente. Y aquellos que lo oyen y, por gracia, responden a él no obstante el peligro han hecho una cosa muy sensata.   ¿Qué podría ser más razonable que seguir al omnipotente Creador y Sustentador del universo, que ha amado a Su pueblo con un amor eterno, que los ha redimido con Su propia sangre, y demostró un compromiso ineludible a cada promesa que ha hecho a ellos?[6] Aun cuando Él no fuera de esta manera y toda su bondad no fuese así, incluso así sería muy sensato seguirlo porque ¿quién podría resistir su voluntad?[7] Es por esta razón y un sinnúmero más que el apóstol nos urge a presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable, y lo llama nuestro servicio de adoración espiritual y racional[8] .
En cuarto lugar, recibir el evangelio es recibir una visión completamente distinta de la realidad, en la cual Cristo es el epicentro de todas las cosas. Es por esta razón que los teólogos se refieren a la salvación y a la vida cristiana como Cristo céntrica.   Él se convierte en el centro de nuestro universo, la fuente, el propósito, el objetivo y la motivación para todos lo que somos y hacemos.   Cuando un hombre recibe el evangelio, su vida entera comienza a ser vivida en un contexto diferente y ese contexto es Cristo. Aunque las señales externas en el momento de la verdadera conversión pueden ser menos que impresionantes, los efectos graduales serán monumentales. Como un guijarro que se lanza en el centro de un lago, las ondas del evangelio eventualmente alcanzarán la completa circunferencia de la vida del cristiano y tocará cada orilla.   El verdadero converso no recibe el evangelio como una adición a su vida anterior sino como un intercambio de ella. El recibir una es perder la otra. Esta es la enseñanza clara de Jesús “Porque quienquiera que desea salvar su vida, la perderá, pero aquel que pierde su vida por mi causa, la encontrará.[9]
Finalmente, recibir el evangelio es tomar a Cristo como la fuente misma y el sustento de la propia vida.   Cristo no puede ser recibido como una parte de la vida propia o como una adición a todas las otras cosas buenas que uno ya posee sin Él.   Él no es un accesorio menor que reviste nuestra vida y la hace mejor. Al recibir el evangelio, El se vuelve nuestra vida[10].
Existen pocas cosas más blasfemas que un predicador que lisonjea al incrédulo con la maravillosa vida que ha hecho para sí mismo, ensalzando todo lo que ha alcanzado, y luego agregar que adolece de una cosa: necesita a Jesús para hacer su vida completa. Esta no fue la actitud del apóstol Pablo, quien contó las cosas más espléndidas en su vida previa para ser estiércol comparado con Cristo.[11]   Nunca deberíamos presentar a Cristo al incrédulo como la guinda sobre la torta de una vida ya maravillosa.   El incrédulo debe ver que no tiene vida, y que todos sus logros personales, previos a Cristo, son monumentos a su propia vanidad: hechos de arena y pasajeros.
Jesús enseñó “Muy definitivamente, les digo, a menos que coman de la carne del Hijo del Hombre y beban de Su sangre, no tienen vida en ustedes”.[12]   El significado de estas “duras palabras” es que Cristo debe convertirse en la sustancia misma de nuestras vidas y no meramente un condimento o un complemento.[13]
Para el creyente, Jesús es el Maná que proviene del cielo, la Roca de la que chorrea las aguas de vida en medio de un desierto, y la vid en la cual permanece, de la que recibe vida y fecundidad.[14]   El creyente que ha participado verdaderamente con Cristo cesa sus esfuerzos por lo que no es pan y no satisface, y continúa buscando el pan que viene del cielo de forma que pueda comerlo y no morir.[15]
El clamor de los predicadores del evangelio debería ser no sólo que los hombres se arrepientan sino también lo que deben recibir.   El predicador no debe tan solamente exponer y denunciar el alimento que no satisface de la época actual, debe también señalar a los hombres el único almacén donde el verdadero alimento puede encontrarse. Debe unirse a David en su advertencia a todos los hombres: “Oh, disfruten y vean que el Señor es bueno”.[16] Adicionalmente, debe advertir a todos los hombres que la evidencia de que una persona ha verdadera y salvíficamente disfrutado a Cristo es esa en que continúa saboreando, continúa encontrando satisfacción en Cristo y no puede tolerar el pensamiento de haber estado alguna vez separado de Él.
PERMANECIENDO EN EL EVANGELIO
¡De nuestro texto, no sólo aprendemos que vamos a recibir el evangelio sino también que vamos a permanecer en el! Pablo escribe “Declaro el evangelio que les he predicado, que ustedes han recibido, en el cual permanecen”.   Esta simple declaración comunica dos verdades diferentes aunque relacionadas. La primera tiene que ver con la posición del creyente ante Dios por causa del evangelio, y la segunda tiene relación con la convicción o resolución del creyente respecto del evangelio.   Ambas verdades tienen implicancias trascendentales para la vida del creyente. La primera es la gran piedra de fundamento sobre la cual la fe cristiana debe descansar: ser capaz de permanecer ante Dios enCristo y en el evangelio. La última es un poderoso agente modelador de la vida cristiana: el cristiano ha establecido su posición sobre el evangelio y no será removido de ella.
Una verdad fundamental del cristianismo bíblico es que el creyente tiene una posición correcta ante Dios en el evangelio – sólo por Cristo.   Los salmos de David nos confrontan con el gran dilema del hombre “¿Quién podrá subir la montaña del Señor? ¿O quien puede permanecer en Su lugar sagrado?   Aquel que tiene manos limpias y un corazón puro, que no ha adorado ídolo ni jurado engañosamente”[17]. Cualquier hombre que alberga aún la remota posibilidad de que existe un Dios personal y moral debe temblar con las preguntas de David. A menos que sea un imbécil o su consciencia se haya extraviado hasta la inutilidad, debe reconocer que no posee las calificaciones necesarias para presentarse aprobado ante el Juez de toda la tierra.[18] Las Escrituras nos cuentan que si este hombre mira su interior, encontrará que su corazón es más engañoso que todo lo demás y es perverso más allá de toda comprensión.[19] Si se vuelve y considera su propia mente, encontrará que hay pensamientos perversos anidados en ella.[20] Si escucha atentamente a su discurso se dará cuenta de que está lleno de engaño, maldición y amargura.[21]   Si mira sus manos, verá que están manchadas con los residuos de sus incontables fechorías.   Si en la desesperación busca cubrir su vergüenza vistiéndose con sus obras más correctas, encontrará que está ataviado de la podredumbre asquerosa de un leproso.[22] Aunque se bañe con lejía y use mucho jabón, la mancha de su iniquidad permanece.[23]   Dondequiera que se vuelva, se encuentra a sí mismo en el banquillo de los acusados, condenados y sin esperanza.
Es en este momento de absoluta indefensión y resignación final que el pecador iluminado y regenerado mira a Cristo y encuentra su esperanza en Él.   Volviéndose de su propia justicia, cree y es justificado sólo por gracia, sólo por fe.[24] Desde ese momento en adelante, porta las marcas gemelas de un cristiano: Se gloría en Cristo Jesús y no pone su confianza en la carne.[25] Ha entrado en la gran compañía de los santos que creyeron en Dios y fueron contados como justos.[26] Se ha lanzado sobre Cristo y se aferra a Él con una fortaleza multiplicada por el terror que hubiese caído sobre él si hubiese abandonado a valerse por sí mismo. Depende sólo de Cristo y no se arriesga. Está convencido de que puede ascender al monte del Señor y permanecer en Su lugar santo sólo por la virtud de la persona y mérito de Cristo. Para parafrasear al escritor del viejo himno: “Su esperanza está construida en nada menos que la sangre de Cristo y su justicia. No se atreve a confiar en la más dulce estructura sino que depende completamente del nombre de Jesús.   Sobre Cristo la Roca sólida permanece, toda otra tierra es arena movediza; toda otra tierra es arena movediza”.[27]
La fe del cristiano promete un lugar correcto delante de Dios sólo a través de Cristo. Siendo esto verdad, debemos ser firmes en mantener el evangelio y permanecer en él. Es útil tener en cuenta que la palabra “permanecer” viene del verbo griego hístemi, el término común para denotar el acto físico de permanecer. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, es frecuentemente utilizada para denotar convicción, resolución, constancia, firmeza y la cualidad de ser firme e inamovible. En su discusión sobre la batalla espiritual, Pablo usa el término tres veces para exhortar a los creyentes a “soportar las asechanzas del diablo”.[28] Por un verbo relacionado, entendemos que los creyentes deben “permanecer firmes” en el Señor, en la fe, en la gracia de Dios, y en las tradiciones apostólicas.[29]
Por sobre todas las cosas, el creyente debe permanecer firme en el evangelio y no ser movido de él.   Si esta piedra fundacional se remueve, entonces el edificio completo caerá con ella. Es por esa razón que el apóstol Pablo entregó uno de sus más firmes reproches a la iglesia de Gálatas: “Me maravillo de que ustedes se hayan alejado tan pronto de evangelio que los llamó en la gracia de Cristo, a otro diferente, y no hay otro, pero hay algunos que los atribulan y desean pervertir el evangelio de Cristo. No obstante si aún nosotros o un ángel del cielo predica cualquier otro evangelio del que he predicado a ustedes, que sea maldito. Como hemos dicho antes, y así digo nuevamente, si alguno enseña cualquier otro evangelio que aquel que han recibido, que sea maldito”.[30]
Cada palabra y doctrina de las Escrituras es importante; no obstante, algunas doctrines portan mayor peso que otras. Nuestra salvación eterna no depende de alguna noción especial en Eclesiología o Escatología[31] sino que depende enteramente del evangelio.   A través de este peregrinaje terrenal, los cristianos más sesudos y maduros pueden cambiar su opinión en lo relativo a principios menores de fe, sin embargo, no deben, no se moverán de los puntos esenciales del evangelio. [32] El hombre, la mujer, joven o niño que ha recibido verdaderamente el evangelio permanecerá en él, y en su permanencia probarán que verdaderamente lo recibieron.
Vivimos en un mundo que es hostil al evangelio de Jesús Cristo y lo mantiene en menosprecio. Más aún, este mundo está bajo el poder del malvado, quien se opone al evangelio por sobre todas otras doctrinas, y lo erradicaría del universo si pudiera. De hecho, el demonio pondría gustosamente una Biblia en las manos de cada hombre y promovería la obediencia a cada mandamiento si a cambio pudiéramos darle el evangelio. Sin embargo, sin el evangelio, todo el sistema de creencias cristianas cae en la nada.
Como creyentes, no debemos solo recibir el evangelio sino estar firmes en él.   No debemos ser ignorantes de los esquemas del demonio de forma que nos tome desapercibidos. [33] ¡Cuando los salvadores de almas buscan robarnos nuestra confianza en Cristo, no debemos dejar que nos aparten! Cuando los legalistas tratan de complementar nuestra confianza en Cristo, no debemos ceder. Cuando los autoproclamados profetas tratan de volver a empaquetar el evangelio, para que sea más pertinentes o apelando a la cultura, no debemos seguirlos. Cuando el acusador apunte a nuestro pecado y se burle de nuestra esperanza de gloria, debemos señalar el evangelio y permanecer en él. Cuando sus acusaciones se vuelven alabanzas y señalen nuestra piedad como digna de recompensa, debemos denunciarlo con la plegaria “Pero Dios prohíbe que yo pueda presumir, sino en la cruz de nuestro Señor Jesús Cristo, por quien el mundo es crucificado para mí y yo para el mundo.[34]
Notas al pie:
[1] Hebreos 11:1-7, Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. 5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. 6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Hebreos 11:27. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. 1 Pedro 1:8 a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; 
[2] 1 Corintios 15:19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres
[3] Hechos 2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
[4] Salmo 2:4-6 El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. 5 Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira. 6 Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte
[5] Mateo 11:28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo. 10:16 He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Mateo 10:39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.
[6] Colosenses 1:15-17  Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten. Hebreos 1:13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:     Siéntate a mi diestra,     Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Jeremías 31:3 Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Apocalipsis 5:9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación. Hebreos 13:5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré. 2 Timoteo 2:13 Si fuéremos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo. 2 Corintios 1:20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Mateo 28:20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
[7] Romanos. 9:19: Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? 2 Crónicas 20:6; y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te resista? Job 9:12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir?
¿Quién le dirá: ¿Qué haces? Daniel 4:35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
[8] Romanos 12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
[9] Mateo 16:25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 
[10] Colosenses 3:4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
[11] Filipenses 3:7-8 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.
[12] Juan 6:53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
[13] Juan 6:60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
[14] Juan 6:31-35 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Juan 6.41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo. Juan 6:47-51 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Juan 6:58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 1 Corintios 10:4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.   Juan 15:5-6 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
[15] Isaías 55:2 Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Juan 6:50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera
[16] Salmo 34:8 Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él
[17] Salmo 24:3-4 ¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni jurado con engaño.
[18] Salmo 14:1 / Salmo 53:1 Dice el necio en su corazón:     No hay Dios.    Se han corrompido, hacen obras abominables;  No hay quien haga el bien.
[19] Jeremías 17:9 El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares,
[20] Jeremías 4:14 Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?
[21] Romanos 3:13-14 13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; 14 Su boca está llena de maldición y de amargura
[22] Isaías 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.
[23] Jeremías 2:22 Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo Jehová el Señor.
[24] Efesios 2:8-9 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
[25] Filipenses 3:3 Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.
[26] Génesis 15:6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Gálatas 3:6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
[27] Adaptado de “La Roca Sólida” de Edward Mote.
[28] Efesios 6:11, 13, 14 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,
[29] Filipenses 4:1 Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados. 1 Tesalonicenses 3:8 porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 1 Corintios 16:13 porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en el Señor. 2 Tesalonicenses 2:15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra.
[30] Gálatas 1:6-9  Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
[31] Eclesiología se refiere al estudio de la iglesia y Escatología se refiere al estudio de la consumación o los últimos tiempos.
[32] Col   1:22-23: 22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; 23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.
[33] 2 Cor 2:11 para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
[34] Galatas 6:14 Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
Fotografía con licencia Creative Commons de Lorenalreves

Seguidores (15/01/09)

Google+ Seguidores