sábado, 16 de agosto de 2014

Guerras y cristianos a medias

por José Mario Ruiz Navas

La afirmación científica que el hombre es animal racional y el rasgo programático de la identidad de los cristianos “mansos y humildes de corazón” (Mateo 11, 21) chocan con la irracionalidad y el egoísmo opresor que se encuentran en la urdimbre de las guerras internacionales y de los conflictos nacionales y caseros.


Pablo, en carta a los cristianos de Filipo, señala la base necesaria de la mansedumbre, compañera de la paz: ponerse en el lugar del otro (2, 5-8). Ponerse “en los zapatos del otro” exige reflexión, para descubrirnos a nosotros mismos y a los otros con derechos, limitados por los correspondientes deberes. Cuando la guerra termina, es posible descubrir que prevaleció la animalidad irreflexiva, que prevaleció la imposición del yo y la opresión al otro.

La historia aprendida en las aulas ha tenido como tema principal las guerras y a sus héroes:

1) Antes de Cristo: Las guerras púnicas con Aníbal, su héroe (264 hasta 146). Las guerras médicas entre griegos y persas (siglo V).

2) Después de Cristo las guerras no han cesado, también con la participación de cristianos; empeoradas por la ciencia y la técnica, que permiten matar a millones de no beligerantes: las llamadas “guerras de religión” (1550-1648); las guerras napoleónicas (siglo XVIII); genocidio de los judíos por el nazismo (1933-1945); genocidio de los hutus por los tutsis en Ruanda (1994); intentado exterminio de cristianos en Sudán del Sur (contemporáneo); intentado exterminio de cristianos en Irak (contemporáneo); encerramiento a palestinos en Gaza (contemporánea).

En resumen, en las guerras y por las guerras, en los últimos siglos, desde el año 1700, han perdido la vida al menos 100 millones de personas. Incontable número de ciudades grandes y pequeñas han sido destruidas o semidestruidas, monumentos, museos...

Después de la independencia, las guerras en países de América Latina han sido relativamente pequeñas. Entre Chile y Perú, entre Bolivia y Perú. Entre Paraguay y Brasil, Argentina, Uruguay (1865). Entre Perú y Ecuador. Destinar recursos relativamente grandes e hipotecar la mente ciudadana a la guerra retardaron el desarrollo integral. Todos ganamos evitando guerras y rupturas. Después de 21 siglos de Cristo, evangelizados a medias, descubriendo ya que oprimir es inhumano, se oculta en pretextos la opresión, para acaparar riquezas, para no compartir territorio, como en Tierra Santa. - Sin la Buena Nueva del amor de Dios –somos incapaces de unirnos en la diversidad– no vemos, no queremos ver, no podemos ver la parte de razón que tenía y tiene el otro.

- Quienes escogen la guerra implican a otros; ellos no arriesgan su vida. - Intereses económicos, sibilinamente ocultados, como los de fabricantes de armas: hay que fabricar guerras, para fabricar y vender armas.

Cristo compara la sociedad con masa de harina y su mensaje de amor fraterno con levadura. El reiterado menosprecio de lo que no entra en el libreto es más dañino que la guerra; dificulta que la levadura de Cristo vaya fermentando hacia la integración los diversos valores de la sociedad ecuatoriana (Mt. 13, 30).
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