miércoles, 11 de marzo de 2009

Benditos

La bendición de los justos enaltece a la ciudad, pero la boca de los malvados la destruye. El falto de juicio desprecia a su prójimo, pero el entendido refrena su lengua. La gente chismosa revela los secretos; la gente confiable es discreta.
Los deseos de los justos terminan bien; la esperanza de los malvados termina mal.
Pro 11:11-13; 23
¡Bendito día, Señor! ¡Benditos mis hermanos y mi prójimo!
Ciertísima reflexión. Comencemos el día bendiciendo y seremos benditos.
¿Debería cambiar el decir nuestro de cada día? ¿Cuánto? ¿Qué sucedería?
Subo al colectivo y saludo al conductor: -Buen día, buenas tardes, buenas noches. Al principio me miraba sorprendido, ahora (mi ciudad es chica) ya nos saludamos amablemente y otros pasajeros han empezado a hacer lo mismo. Alivio su carga, se imagina de ocho a doce horas conduciendo un vehículo con tanta gente a bordo, que sube respirando bronca por lo mal que le va, en medio de un tránsito del que forman parte otras personas con sus propias cargas. Adquirido el hábito, dejará de comunicarse con una mueca áspera.
¡Somos humanos por Dios! Valoremos nuestra condición.
¡Si ésta hablara...! Exclamaba amenazante un personaje de la TV hace ya muchos años, mientras señalaba su lengua.
Sabemos de la capacidad que tiene tan pequeño órgano muscular ¡Salvemos la humanidad! Empiezo por mí. Digo bien de los que me rodean porque algo bueno tienen... ¡Seguro!
No importa si no los alcanzamos a entender... A veces nuestra mente no da para tanto.
Mi familia, mi ciudad, mi país, mi... ¿Son míos? No, es ese egoísmo propio de nuestra naturaleza caída que me lleva a “adueñarme” de ellos y, a convertirme en un rector de sus vidas. Algunos también quieren regirme. Tenemos que mejorar, nos merecemos algo más.
Dios lo creó todo bello para nosotros ¿Qué esperamos?
¡Suelta la bendición, no la aprisiones más..!
DTB.

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