viernes, 30 de noviembre de 2007

No hay Lugar.

"Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada!" Lucas 2:7
¡No hay lugar! Palabras terribles.
Muchas veces nuestras grandes ciudades o nuestros alberges juveniles están siempre llenos y tenemos que contestar con esas tres palabras como una cantinela. Los millones que en Occidente andan buscando trabajo también conocen esas tres palabras. ¿Y las multitudes de refugiados? ¿Y los marginados de todo tipo? ¿Y los que se trasladan del campo a las ciudades? Nuestro mundo es peor que el que obligó a María a refugiarse en un establo para dar a luz a su hijo.
Si el Evangelio de la Navidad desenmascara los egoísmos y las indiferencias, es porque sigue dándonos su mensaje. Nos plantea cuestiones, en particular a los que nos llamamos cristianos. ¿Qué lugar hemos dado a Jesús? Yo me pregunto a menudo si no lo hemos encerrado en nuestras iglesias y nos hemos reservado para nosotros todos los demás lugares. ¿No será esa la explicación de tanta mediocridad?
¿Por qué no sacamos provecho de una Navidad más para dar al Salvador el lugar que el Salvador merece? O sea todo nuestro lugar, todos los dominios de nuestra vida, en todo momento.
André Thobois.

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