sábado, 18 de junio de 2016

Un profeta ‘no sabe’ callarse!

Los profetas no podían callarse, porque la Palabra de Dios los consumía. En ellos había nacido un imperativo ineludible de levantar su voz.

La pasada semana vimos que en Apocalipsis 6 al apóstol Juan oye los cánticos celestiales pero levanta su voz de protesta profética contra el imperio, oye también el clamor de las víctimas.

Y decíamos que ser profeta tiene dos dimensiones, una vertical y una horizontal. El profeta ha estado con Dios, ha visto a Dios y conoce a Dios íntimamente, y ve todo desde la perspectiva de Dios. Pero el profeta también vive cerca de su pueblo y ve su realidad.

Ambas dimensiones son esenciales. Si sólo ve a Dios, puede ser un místico pero no un profeta. Si sólo ve al mundo, puede ser un sociólogo o un economista, pero tampoco un profeta.

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