lunes, 25 de agosto de 2014

Alquimistas

Existe una necesidad interior que no puede saciarse con fórmulas externas.

Hace algunos meses compartía un artículo con la imagen de un pequeño animalito muy tierno aunque intimidante. Entre otros rescato este párrafo:
"Los humanos necesitamos de un entorno material y emocional de cierta certeza, de mínima previsibilidad, y nos constituimos como personas de manera saludable a medida que constatamos que las cosas que nos rodean - entre ellas el amor de los otros- son estables, permanentes."
La necesidad existe porque así fuimos creados, para estar acompañados y acompañar en un contexto afectivo. El problema es que casi nada de lo que vemos o palpamos permanece, la comezón por lo novedoso crece a pasos agigantados y agota nuestros recursos básicos. Entonces, en la desesperación, comienzan las búsquedas para "apaciguar a la bestia que llevamos dentro" con rutinas elaboradas y sostenidas hasta en el marco del ayuno. Otros, con diferente poder adquisitivo, se suman a otras prácticas mas o menos piadosas que tampoco alcanzan los resultados esperados. Para colmo la imagen de la institución Iglesia-humana no es inmune a los mismos padecimientos y queda expuesta ante una sociedad que de desnudos sabe mucho.
Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 
Fueron las palabras de Jesús, el Hijo de Dios. Es el único que puede saciar la necesidad interior de cada persona ya que el Dios trino y su palabra permanecen para siempre. No tiene caso seguir buscando en otras partes, son fuentes rotas que en poco tiempo se secan. No mires a los hombres...

¡Probá con Jesús!

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