jueves, 14 de febrero de 2013

Venganza


Ocurrió en un barrio en las afueras de la ciudad; "Aquí la ley de la calle es muy clara: nos atropella, lo matamos", dijeron los vecinos; los acusados aún están prófugos.

Anoche en el Culto de Oración de la iglesia orábamos por los niños violentos, ese fue el título. Dos episodios del fin de semana último fueron el disparador para volver sobre el tema:

Un niño de catorce años (14) en Unquillo, Córdoba, y otro de quince años (15) en Villa Mercedes, San Luis murieron asesinados en el mismo fin de semana a manos de sus pares.

En un párrafo de las Escrituras leo: A ti no te complacen sacrificios ni ofrendas; en su lugar, me preparaste un cuerpo; no te agradaron ni holocaustos ni sacrificios por el pecado. Por eso dije: “Aquí me tienes —como el libro dice de mí—. He venido, oh Dios, a hacer tu voluntad.” Hebreos 10

El Espíritu Santo puso en boca de David (Sal 40) un lenguaje que encontraría su parcial aplicación en el rey de Israel hasta que se cumpliese totalmente en el Hijo de Dios. David, en alabanza, en oración, recuerda sus aflicciones pasadas y el rescate de Dios de cada una de ellas, entonces ofrece obediencia como su mejor adoración, sabe que será aceptada. El apóstol le escribe a los hebreos ratificando que solo el sacrificio  de Cristo quita el pecado.

Así, tu oración a favor de la niñez en riesgo será oída en los cielos y el Espíritu Santo puede llegar a poner en tus labios palabras que no imaginas... No creas que tu oración no llega o no será tenida en cuenta, a David no se le permitió construir el Templo pero fue escuchado y usado en otras muchas tareas. No somos perfectos, el Señor perfecciona. Haz memoria de los favores de Dios a tu favor, alábalo y ofrecele tu obediencia.

Permite, querido lector que el Señor consiga su propósito en tu persona, la creación lo necesita, hagamos la voluntad de Dios.

Si estás en Cristo nueva criatura eres, haz entrado a formar parte del cuerpo de Cristo, un nuevo cuerpo  nos ha sido preparado para que hagamos Su voluntad. Intercede, a favor de los niños, de sus padres, del Estado, de la Iglesia.

No podemos permitirnos perder más generaciones. La venganza, es del Señor no nuestra.
Cuando se internaliza y proclama en las comunidades “una ley” contraria a la de Dios, estamos en grave peligro. 

Ninguna ley (institucionalizada o no) debe menospreciar la vida ya que no nos pertenece, no hay justificativo válido y nos será reclamado.

Iglesia, levanta tu voz por los que no la tienen, hombres y mujeres de fe a tomar sus lugares en el cuerpo de Cristo. El Espíritu de Dios será con nosotros.
Dios te bendice.-

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