lunes, 25 de febrero de 2013

El papado, renuncia y misterio.

Faltan unos pocos días para que se haga efectiva la renuncia del papa.
Hubo y habrá muchas especulaciones, la certeza la tiene solamente Dios. La explicación de Benedicto fue contundente para mí. No tiene por donde "entrarle", dirían algunos.

Adiós de Benedicto XVI
"Tras examinar repetidamente mi conciencia ante Dios, he llegado a la certidumbre de que mi fortaleza, debido a la avanzada edad, no es adecuada para el ejercicio del ministerio.

"En el mundo de hoy, sujeto a rápidos cambios y sacudido por preguntas de honda relevancia para la vida en la fe, para gobernar la barca de San Pedro y proclamar la Palabra de Dios son necesarias la fortaleza tanto de mente como de cuerpo, fortaleza que, en los últimos meses, se ha deteriorado hasta el punto que he tenido que reconocer mi incapacidad para cumplir con el ministerio que me ha sido encomendado".

Deseo compartir un par de párrafos de don Mario Vargas Llosa, "El hombre que estorbaba", usted puede leerlo completo siguiendo el enlace en el título.   Juzgar hasta qué punto Benedicto XVI fue acertado o no en este tema es algo que, claro está, corresponde sólo a los católicos. Pero los no creyentes haríamos mal en festejar como una victoria del progreso y la libertad el fracaso de Joseph Ratzinger en el trono de San Pedro. Él no sólo representaba la tradición conservadora de la Iglesia, sino también su mejor herencia: la de la alta y revolucionaria cultura clásica y renacentista que, no lo olvidemos, la Iglesia preservó y difundió a través de sus conventos, bibliotecas y seminarios, aquella cultura que impregnó al mundo entero con ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud y, tomando distancia con Roma, hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie e impulsar la civilización.
La decadencia y mediocrización intelectual de la Iglesia que ha puesto en evidencia la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que parece haberlo rodeado en estos últimos años es sin duda factor primordial de su renuncia, y un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas.
© LA NACION

Que un hombre no creyente, sector donde se alinea, reconozca la influencia de la Iglesia en el mundo es algo que me anima. No todo está perdido.
Podemos coincidir o no en muchas cosas, pero hemos de reconocer lo bueno y lo justo de cada uno. Así recuperaremos el ser de las instituciones y podremos volver a las sendas antiguas, aquellas abandonadas hace mucho.
¿Cómo va a seguir? Repito solo Dios lo sabe, oremos para que mucha gente se salve en el nombre de Jesús, Señor y Salvador.-
Gracias por leer, Dios le bendice.-

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