viernes, 7 de enero de 2011

Intimidad y sin vergüenza




El matrimonio es el ámbito donde las necesidades de sus contrayentes deberían ser satisfechas. Las personas se casan con expectativas y cuando éstas no se cumplen, la relación entra en crisis y el divorcio suele ser su trágico final.
Si usted no conoce cuáles son las necesidades de su cónyuge, nunca sabrá como satisfacerlas. Hay necesidades que son permanentes y otras ocasionales. Hay necesidades que son meramente físicas (alimento y vestido) y otras, en cambio, emocionales (sentirse valorado, respetado y apreciado). Hay necesidades que son espirituales y otras que son sociales, como tener amigos y contar con un espacio cultural para desarrollar las capacidades intelectuales.
Las necesidades sexuales no son menos importantes. Tanto el hombre como la mujer las tienen, aunque con algunas variantes.
Los hombres son más proclives al contacto físico espontáneo, rápido y hasta fugaz. Sus necesidades se miden por cantidad e intensidad. La mujer, en cambio, privilegia la calidad de la relación. Una mujer que no se sienta apreciada, valorada y respetada tendrá menos deseos eróticos y boicoteará las relaciones sexuales. Por eso se dice que para la mujer, hacer el amor dura tanto como 24 horas. Las palabras amables, el trato cortés y las expresiones de cariño favorecen los encuentros sexuales placenteros.
Por otra parte, cada mujer es única en la forma de percibir el placer. Hoy día se habla de la huella dactilar del orgasmo para explicar que no todas las mujeres son iguales ni tienen las mismas necesidades sexuales. El deber de cada esposo es averiguar cuáles son las preferencias de su esposa y satisfacerlas. De ahí que los hombres que han tenido muchas parejas sexuales creen que son mejores amantes y la verdad es que no lo son. También es cierto que las mujeres creen que los hombres deben saber cuáles son sus necesidades amorosas, pero a menos que la esposa le diga a su cónyuge cuáles son sus gustos, él no lo sabrá. Los hombres no son adivinos.
Una charla erótica es recomendable para aquellas parejas que quieran mejorar su vida sexual. Consiste en apartar un tiempo sin interrupciones, donde se estimula al diálogo franco y se habla claramente acerca de las necesidades íntimas. Normalmente la gente cree que porque el sexo es algo natural tiene que funcionar naturalmente y eso no es cierto. La ignorancia en material sexual suele ser la causa más frecuente de los matrimonios blancos o no consumados, además de los graves desajustes sexuales en la pareja.
Está comprobado que 9 de cada 10 hombres no reciben ninguna clase de información sexual, e ignoran las técnicas amatorias, las formas de respuesta sexual femenina y masculina y la sensualidad, que es mucho más que sexualidad.
Se investigaron las causas de 1.000 parejas cuyos matrimonios no fueron consumados, es decir, parejas que no pudieron mantener ni una sola relación sexual desde que están casados. Se examinó a las 1.000 mujeres, cuya edad promedio era de 29 años. Todas estaban físicamente capacitadas para realizar el coito. La conclusión obtenida por los investigadores fue que si a estas mujeres se les hubiese proporcionado una educación sexual adecuada en una edad temprana, cuando menos los problemas sexuales del 85% de ellas no hubiesen existido nunca o no hubieran persistido, en caso de presentarse.
La sexualidad es una expresión más de nuestra espiritualidad. Siempre enseñamos en nuestras charlas matrimoniales que la intimidad sexual es buena a los ojos de Dios. La dimensión del placer fue creada por él para que el regocijo y la alegría surjan en cada encuentro sexual. Hemos visto que esta concepción libera a muchas parejas, pero sorprende e inquieta a otras que hasta ese momento tenían la idea de que para ser más espirituales debían renunciar a la sexualidad y que cuando se daba un encuentro, debía ser rápido, sin alegría, sin fantasías compartidas y sin posiciones agradables. Esa no es la idea de Dios, sino el concepto de personas que sido criadas en un hogar que veía todo lo sexual como pecaminoso; entonces se codifica en su mente como algo sucio. También en aquellos que han batallado con la pornografía, con la masturbación u otro comportamiento sexual negativo y debido a su propia experiencia tendrán muchas objeciones para disfrutar de la intimidad sexual matrimonial. Aferrarse a esta forma de entender la sexualidad impide descubrir niveles superiores para la intimidad marital satisfactoria. Si este es su caso, comience a orar y declare que 1ª Corintios 2:16 se cumple en su vida, usted tiene la mente de Cristo. Toda pureza y verdad toma control de sus pensamientos y el pecado pasado no lo condiciona en el presente ni en el futuro.
Finalmente, hable con sus hijos y enséñeles que cuidar la pureza es invertir en su vida futura y en una vida intima mucho más plena. Knotz Ksawery dice: “Las personas puras de corazón viven con mucha más desenvoltura la intimidad y la pasión sexual como un don de Dios”.

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