lunes, 15 de noviembre de 2010

Lausana 3, detalles que me llaman a reflexionar II

...continuando con lo anterior...
Unidad de la Iglesia


Ciudad del Cabo sí dedicó un día al tema de la colaboración entre las diferentes partes del Cuerpo de Cristo, lo que no significa que consideró la unidad de la Iglesia como tema teológico y sus obvias implicaciones pastorales. La colaboración de la que se habló fue estratégica; no excedió los intereses programáticos de la tarea evangelizadora y de la obra misionera para «alcanzar a los perdidos». Este vacío, quizá se explique por el énfasis que se hizo en el trabajo misionero en el mundo musulmán y al afán que se mostró en la evangelización de «los pueblos no alcanzados».

Quedó en blanco la página de las relaciones interconfesionales, en especial con la Iglesia Católica, y el diálogo con las religiones de los pueblos originarios, temas estos urgentes para el quehacer misionero en muchas partes del mundo. ¿Qué significa colaborar (me gustaría mejor usar la palabra cooperar) entre las diferentes partes del Cuerpo de Cristo? ¿Cuál es la relación entre misión y ecumenismo? ¿Cuál es el lugar del diálogo comprensivo y compasivo con las grandes religiones universales y con las otras grandes religiones de los pueblos originarios?7
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En este resumen acerca de todo lo tratado respecto a la unidad de la Iglesia obviamente que habrá distintos puntos de vista. Tantos como individuos hay.
El segundo párrafo, que menciona las relaciones interconfesionales y el diálogo con las diferentes religiones de los pueblos originarios puede despertar distintas reacciones alérgicas en más de uno de nosotros.
Personalmente, creo que es un gran desafío. No obstante estoy dispuesto a dialogar civilizadamente, tratando de parecerme a Jesús en estos aspectos. No envío a nadie, creo que es una cuestión de convicciones, ya que debería ser el Espiritu quien envíe a esta tarea no pequeña. Claro, para un congreso de esta magnitud parecería una página en blanco.

Un párrafo del Compromiso de Ciudad del Cabo en la página 11 expresa:
Debemos amar todo lo que Dios ha escogido bendecir, lo cual incluye todas las culturas. Históricamente, la misión cristiana ha desempeñado un papel decisivo en la protección y preservación de culturas autóctonas y sus idiomas. Sin embargo, el amor piadoso también incluye el discernimiento crítico, porque todas las culturas muestran no sólo evidencia positiva de la imagen de Dios en las vidas humanas, sino también las huellas digitales negativas de Satanás y el pecado. Anhelamos ver el evangelio encarnado y arraigado en todas las culturas, redimiéndolas desde adentro para que puedan exhibir la gloria de Dios y la radiante plenitud de Cristo. Esperamos el momento en que la riqueza, la gloria y el esplendor de todas las culturas entren a la ciudad de Dios, redimidas y purgadas de todo pecado, enriqueciendo la nueva creación. [25]

Amén, que Dios nos guíe.

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