viernes, 24 de septiembre de 2010

Esperanza para el futuro

Cuando Jesús quiere reafirmar ante sus seguidores que van a estar bien, que su futuro está asegurado, que no deben permitir ninguna perturbación en su corazón, él utiliza la metáfora de una boda. Ellos sabían exactamente a qué se refería. Mientras crecían, habían tenido ocasión de escuchar el discurso del novio, ya que todos habían participado en la celebración de numerosas bodas y, los que ya estaban casados, lo habían pronunciado ante sus novias.


Durante el primer siglo del cristianismo, las muchachas se casaban en su adolescencia temprana, con frecuencia a los trece o catorce años. Se hacía conocer en el pueblo que ella “tenía la edad”, y su padre, entonces, escuchaba ofertas de los padres de los jóvenes que estaban interesados en casarse con ella. Si los padres se ponían de acuerdo en cuanto a las condiciones del matrimonio, se realizaba una celebración para honrar a la pareja. A la jovencita se le acercaba un vaso de vino, para que lo bebiera y así confirmara su aceptación.

Pero ella no estaba obligada a hacerlo. Podía rechazar la copa. Ella podía negarse a ese matrimonio. Aunque todo ya hubiese sido arreglado, ella todavía podía decir que no. La boda o su cancelación dependían de ella. ¿Podemos imaginar la tensión que esto representaba para un muchacho enamorado? Todos los que él más amaba estaba allí. Los amigos, padres y parientes, reunidos en una sala, esperando que ella bebiera la copa. Si ella decía que sí, el novio daba una especie de discurso que había preparado de antemano para anunciar sus planes como nueva familia.

Si ella tomaba la copa y bebía, eso significaba que estaban comprometidos. Pronto se oficiaría la ceremonia nupcial. Pero, aún no estaban casados. Todavía faltaba que sucediera algo.

Después del compromiso, el novio se iba a su casa y comenzaba a construir un agregado a la casa de su padre. Porque era allí donde él y su prometida comenzarían una nueva familia juntos. Él trabajaba y trabajaba, construyendo un lugar al que pudieran llamar “su hogar”. Y aquí viene lo interesante: no sabía cuándo iba a terminar. Su propio padre inspeccionaba el trabajo periódicamente para verificar la calidad y los avances de la obra.

Por su parte, la futura esposa estaba en su casa paterna aprendiendo las tareas propias de una mujer casada. Ella, al igual que su novio, desconocía la fecha de la boda. Todo dependía de cuando estuviera acabado el nuevo cuarto, así que se prepara para una fecha futura que no sabía cuándo sería. De repente, llega el día. El padre del novio realiza la inspección y le dice a su hijo que ya es tiempo. Entonces, el hijo llama a sus amigos, y se ponen en marcha hacia la casa de su prometida para buscarla y concertar el matrimonio. Pero, ¿cómo conocería cuál es el cuarto de ella?

Esa no sería una tarea difícil, porque ella, cada noche llenaba de aceite su lámpara y encendida, la colocaba en la ventana, para que cuando él llegase, supiera que lo estaba esperando.

Así que él va y la busca. Se reúnen los amigos y familiares, y se forma una procesión gigante rumbo a la casa de él, donde comienza la fiesta.

De modo que cuando ella acepta la copa de vino en su fiesta de compromiso y la bebe, el novio le dice: “en el hogar de mi padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya te lo habría dicho. Voy a preparar un lugar. Y si me voy y lo preparo, vendré para llevarte conmigo. Así tú estarás donde yo esté. Tú ya conoces el camino para ir a donde voy”.

¿No le suena conocido este discurso? Es lo que Jesús les dijo a sus discípulos en Juan 14:2-4.

Cuando Jesús quiere reafirmar ante sus seguidores que van a estar bien, que su futuro está asegurado, que no deben permitir ninguna perturbación en su corazón, él utiliza la metáfora de una boda. Ellos sabían exactamente a qué se refería. Mientras crecían, habían tenido ocasión de escuchar el discurso del novio, ya que todos habían participado en la celebración de numerosas bodas y, los que ya estaban casados, lo habían pronunciado ante sus novias.

Para describir el cielo, Jesús utilizó un acontecimiento que formaba parte de la experiencia de todos, y les dijo: “el cielo, es tan bueno como una gran fiesta de bodas”. Basado en el libro Sexo Dios publicado por Editorial Vida.
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