Maravilloso.
Cuantas veces nuestras estructuras u organizaciones eclesiasticas con la mejor intención nos han ordenado doctrinalmente y en pos de ese orden nos hemos encolumnados olvidando la razón fundamental, Jesucristo vivo.
Los fariseos de aquella época no han caducado, cambiamos tal vez los atuendos pero su ánimo permanece. Lo encarnamos de tanto en tanto. Cuando alguien discrepa con aquel orden pre-establecido preguntamos: ¿Con qué autoridad? ¿Cómo se atreven? ¡No estoy de acuerdo!
Tal vez a usted no le haya pasado pero a mi sí. De una y otra forma, de este y de aquel lado, hasta hoy ¡Si hasta hoy!
Triste por cierto. Hacemos que algunos pierdan bendición, a otros que se ofendan, a otros que se confundan y a la Iglesia del Señor la seguimos manchando y arrugando.
Si usted puede leer este mensaje, está todavía a tiempo. Consíderelo por favor, por usted, por mí, por los demás. No olvidemos, como mayores a nosotros mismos.
No somos nosotros, no tenemos que ser nosotros los protagonistas. Dispongámonos en el altar del Señor de modo que sean consumidas por su llama viva todas nuestras deducciones y prevalezca su luz.
Aquel Espíritu de la iglesia primitiva sigue presente, adoremos al que vive y nos encontraremos sin darnos cuenta unidos a su alrededor.
SHALOM.
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