martes, 17 de febrero de 2009

Enchapados

En el crisol se prueba la plata y en el horno se prueba el oro,
pero al corazón lo prueba el Señor.

Los metales preciosos, aquellos con los que se engalanan las personas de renombre o se realzan con sus aplicaciones ciertos trabajos artísticos, tienen su lugar apropiado y método para ser probados en su pureza. De igual manera el corazón del ser humano.

Así, como existen hermosas piezas enchapadas en oro o plata pero que por dentro no son más que materiales comunes que sobreabundan por toda la creación, andamos muchas veces los seres humanos por el mundo. Engalanados, radiantes exteriormente pero con el corazón oscurecido por la tristeza o el odio tal vez, el rencor o la avaricia, los celos o la envidia, la lista puede continuar.
  • ¿Quién puede determinar lo que anima al ser humano?
  • ¿Quién no lo pensó a la hora de entablar una relación comprometida con algún desconocido?
  • ¿Quién no sintió una mirada investigadora?
Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? "Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras."

No soy yo quien para investigar o acusar a alguien, pero me resultaría satisfactorio saber que esta reflexión sirvió en alguna manera para ayudarle a meditar en la inutilidad de las apariencias. Tal vez, por un ratito funcionen pero créame, la desilusión final es tremenda y no solo se siente mal uno cuando queda al descubierto sino también el otro, que al descubrirnos se siente estafado.
Pero lo más grave está al final..., para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras. Creo que hoy estamos a tiempo para decir:

Sáname, Señor, y seré sanado;
sálvame y seré salvado

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