jueves, 8 de enero de 2009

Imitación

Por tanto, imiten a Dios, como hijos muy amados, y lleven una vida de amor, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros como ofrenda y sacrificio fragante para Dios. Efesios 5:1-2 (NVI)

A veces los padres nos preocupamos, desesperamos y hasta lloramos por la forma en que resuelven nuestros hijos algunas circunstancias que les tocan vivir, claro que conforme a la magnitud de los hechos.
Hoy una mamá me llamaba llorando por teléfono y me preguntaba: ¿Por qué? Si yo trabajo todo el día para nosotros dos, si voy a la iglesia, ¿Por qué no me hace caso? ¿Por qué anda mal en la escuela? ¿Por qué me contesta mal? Lo eché de la casa ¿Hice mal o hice bien?

Tal vez a usted también le pase algo parecido, este hijo tiene quince años...
No soy juez para condenar.

La Biblia, palabra de Dios, me dice: Imiten a Dios como hijos muy amados y... Gracias a Dios que en este libro maravilloso encontramos la respuesta a nuestras preguntas. Claro que la anime a que busque a su hijo y lo reciba en su casa, que tenga paciencia, que descanse un poco más para poder enfocar mejor el amor que le tiene, dialogar sin reprochar, tratando de comprender la situación de un hijo sin papá y que confíe en la provisión de Dios. En definitiva para eso está la Iglesia del Señor.
Claro que es difícil imitar a Dios, los que conocimos al Señor Jesús de grandes ya traemos una mochila bien cargadita de conceptos y de exigencias previas al hecho de dar, es parte del proceso de conversión. Por eso se nos da el ejemplo de Cristo quien se entregó por nosotros siendo aún pecadores, esto significa, antes de arrepentirnos de nuestros yerros.

Mamá, papá, el mejor lugar para sus hijos es su casa, no los eche.
Podremos cometer muchos errores pero no aborte a sus hijos, recupérelos. Así como Dios nos recupera a nosotros. Inténtelo, así como Dios lo intenta con nosotros...
Dios le dé la fuerza, el amor y la gracia para lograrlo.

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