martes, 6 de enero de 2009

Desafío

¡Lávense, límpiense! ¡Aparten de mi vista sus obras malvadas! ¡Dejen de hacer el mal! ¡Aprendan a hacer el bien! ¡Busquen la justicia y reprendan al opresor! ¡Aboguen por el huérfano y defiendan a la viuda! Isaías 1:16-17 (NVI)

Desafío.
¿Seguiremos neutrales ante las demandas de Dios?
No.
Su palabra es pertinente a todos los tiempos y lugares, Él es inconmovible.

El Señor ha perdonado cada uno de nuestros pecados confesados, ha pagado toda acta de infracción labrada en nuestro legajo y nos pone otra vez en carrera. Ahora, nos toca hacer un cambio de hábitos a fin de no volver a caer en la misma situación delictiva anterior. Hacer un reconocimiento, renunciar a las antiguas prácticas y vestirnos con las prendas de justicia de nuestro Libertador, esa es la consigna a cumplir.

¿Debemos ser tolerantes con aquellos que hacen el mal como tal vez nosotros lo hicimos antiguamente?
La sociedad de este tiempo confunde la tolerancia con el libertinaje. Dios no compromete su santidad o justicia por la tolerancia. ¿Y nosotros que haremos?
Dios no nos llama a ser tolerantes con los demás sino a amarlos y ello para Él es amor sacrificial "prefiero que me crucifiquen a que tú seas enviado al infierno".
El libertinaje es vivir sin restricciones, pero Dios dice: "...estrecha es la puerta, y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran" (Mt 7:14). La tolerancia social suele ser indiferencia moral (Is 5:20) y eso, no nos está permitido. Existen las restricciones para que vivamos civilizada, digna y humanamente (así como Dios lo ordenó inicialmente, Gn 1:28). Más aún, el profeta nos exhorta a asumir una actitud activa. Sería algo así como: "Te perdoné, ahora bañate y ordená tu casa, tu vida, entre tanto empezá a hacer el bien como lo hice con vos, sé voz de los que no tienen voz".

Pensemos: ¿Cuántas guerras, abortos, adicciones y otros abusos menos lamentaríamos?
Amén, si Señor, gracias por desear hacer de nosotros, instrumentos de tu justicia. Afílanos (Ec 10:9) para cortar justamente sin dañar y lograr alcanzar así, tu propósito.

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