sábado, 20 de septiembre de 2008

No a la violencia

No es fácil ser padres, no nacimos sabiendo y a veces, tampoco fuimos enseñados a conciencia. Alguien dijo que "No hay mejor cura que las relaciones interpersonales" y adhiero a ello, tanto como que Dios nos creó en comunidad: "No es bueno que el hombre esté solo".

Naturalmente tenemos la tendencia a decir "el tiempo pasado fue mejor", lo que de alguna manera refleja una tendencia conservadora o conformista, propia de los adultos; nos cuesta aceptar que vivimos en un mundo que ya no anda, corre. Y si no corremos, nos quedamos atrás ¿A quién le gusta quedar atrás?

Entonces adquirimos por precio determinadas cosas que nos hacen ver y sentir actuales, modernos aunque no lo seamos o no podamos mantener el ritmo. Un modernismo artificial, así como la crema de leche sintética, me gusta más la original aunque engorde o patee el hígado... Y así, nos vamos metiendo cada vez más en un mundo artificial, con vidas artificiales. Ahora, cuando el artificio deja de funcionar nos sentimos impotentes, nos volvemos irascibles, enfadados porque quedan expuestas nuestras carencias reales, nuestras debilidades, nos sentimos mal y, reaccionamos violentamente.

Por temor, nos hacemos violentos por temor y nuestros hijos lo aprenden. La violencia se aprende y a los niños se las enseñamos nosotros, los adultos. Luego, una vez instalada, corre también entre ellos. ¡Los chicos están cada vez peor...! Y a mayor temor, más aislamiento ¡Chau comunidad! Nada de inter-relación y ..., más agresivos nos volvemos. Cerramos puertas y nos encontramos con puertas cerradas ¡Las queremos patear! "Es que estamos apurados." Ponemos rejas y nos encontramos enrejados y ..., las queremos forzar "Es que no nos dejan llegar..." Aunque nosotros también nos hemos vuelto inaccesibles. Esto se transformó en un círculo vicioso que va en aumento.

Hay que detener la violencia. Dígale NO a la violencia.

La gente hablando se entiende, ¿Somos gente?, ¿Si?.
Entonces: ¿Porqué gritamos? Invitemos a hablar al cónyuge, al hijo, al padre, a la suegra, a la nuera, a la maestra del nene o, al alumno...

La comunicación es el mejor regalo que Dios le ha hecho a la humanidad para que podamos convivir a su imagen y semejanza. Hagamos del diálogo nuestro deporte favorito, nuestra comida diaria, apague la TV y dialogue con su prójimo. Seguro que en poco tiempo se sorprenderá ya que descubrirá al ser humano que existe en el otro y descubrirán la humanidad que existe en nosotros. Dios le bendice.


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